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La verdadera historia de cómo Isela Costantini se fue de Aerolíneas Argentinas

Isela Costantini se resistió al desembarco privilegiado de Avianca en el mercado aerocomercial doméstico. Se trata de un proyecto que la Casa Rosada alienta para que comiencen a concretarse inversiones en la Argentina. Esa posición fue uno de los motivos centrales que desencadenó su abrupta e inexplicable salida del equipo de Gobierno. Y así terminó la experiencia política de Cambiemos de incluir a una eficiente ejecutiva para comandar a la estatal Aerolíneas Argentinas. La contracara del descontrol de Mariano Recalde.
El otro hecho puntual ocurrió el domingo: la Jefatura de Gabinete no le perdonó a Isela que tuviera una actitud condescendiente con el paro del lunes pasado y les facilitara las cosas a los gremios con la decisión empresaria de suspender directamente los vuelos. Ambas causas detonaron la ya explosiva relación que ella mantenía con Gustavo Lopetegui, Mario Quintana y Guillermo Dietrich.
El trío utilizó esas inflexibles posiciones para empujar a Costantini definitivamente del Gobierno. La “ejecutiva” no compartía que a la futura inversión de Avianca se le otorgaran privilegios. De la mano del empresario Carlos Colunga –de fuerte llegada a la Casa Rosada– Avianca pretende obtener rutas clave para invertir en la Argentina. Colunga es vicepresidente de Avian Líneas Aéreas, la subsidiara de Avianca que adquirió 12 aviones con la idea de operar las mejores rutas del país. Antes dirigía Mac-Air, la firma de Franco Macri que fue vendida a Avianca.

 

 


Desde el inicio, Costantini tuvo un fuerte enfrentamiento con Lopetegui. El vicejefe de Gabinete –fue jefe de LAN y es experto en el negocio– propició acelerar la política de “cielos abiertos” y pidió, desde el inicio, cirugía sin anestesia para el déficit de Aerolíneas. Las peleas entre Costantini y Lopetegui derivaron en una decisión del Presidente para evitar cuestionamientos éticos : hace meses decidió que Costantini sea auditada por Quintana y no por Lopetegui.
Guillermo Dietrich fue el encargado de cuestionar la flexibilidad con los gremios. Primero, por los fuertes aumentos acordados en las paritarias –pilotos, del 49 %– y después por lo ocurrido el lunes. El viernes pasado nada hacía presagiar la crisis. El presidente Mauricio Macri estuvo a solas en Olivos con Isela, Dietrich y Quintana. Hablaron del futuro de Aerolíneas, y Costantini defendió su posición sin sobresaltos.

La salida de Costantini opacó la desgastante negociación por Ganancias. Ayer terminó todo con éxito, pero la cuestión reflejó el inadecuado manejo político inicial del Gobierno. Héctor Daer, de la CGT y diputado nacional por el Frente Renovador, inauguró así el primer encuentro con el Gobierno: “Mario, entiendo que no quieran poner el impuesto al dólar futuro, porque vos te vas a perjudicar económicamente”, dijo. Mario era Quintana. El hombre fuerte de la economía respondió : “Yo no voy a pagar, porque no gané ni un peso con el dólar futuro.” Ocurrió hace una semana. La reunión clave fue en la casa de Sergio Massa. Ahí las cosas estaban más distendidas: todos querían una salida al costoso conflicto político. Quintana y Rogelio Frigerio no ahorraron críticas hacia Alfonso Prat- Gay. Frigerio dijo : “Alfonso le llenó la cabeza a Mauricio”. La negociación estuvo a punto de naufragar cuando se discutió el monotributo y las exenciones a jubilados. Pero la flexibilidad de la dupla Frigerio-Quintana permitió llegar a buen puerto y sacar un proyecto de consenso.
Prat- Gay fue cuestionado en la Casa Rosada. Pero el ministro reivindicó entre sus íntimos que su dura posición inicial le permitió al Gobierno acordar un proyecto unánime sin un elevado costo fiscal. Según Economía, asciende a $ 33.000 millones y en el Congreso se habló de $ 50.000 millones. Por eso en Wall Street persisten las dudas: ¿puede el Gobierno aprobar leyes, sin grandes concesiones en nuevos gastos? Los informes de los bancos de inversión insisten en que las últimas leyes implicaron un taxi fiscal que aumenta el gasto y el déficit.
En la comunidad de negocios hubo ayer una conmoción por la admisión de la poderosa firma Oderbrecht del pago de coimas al gobierno de Cristina Kirchner. Es la primera vez que una empresa confirma un método sobre el cual nadie dudaba: los retornos para adjudicar obras públicas en la era kirchnerista. La noticia volvió a inquietar a la Cámara de la Construcción, que hasta ahora salió airosa de las denuncias de corrupción. Ningún juez la involucró ni la investiga.
Por el momento, la declaración de la firma brasileña no incluye nombres de funcionarios. Pero hubo sólo tres personas que decidieron la adjudicación de las megaobras públicas a Odebrecht: Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Julio de Vido. La firma pagó honorarios a la inmobiliaria familiar. Para el Gobierno, también es un serio problema: Odebrecht participa del consorcio que construye el soterramiento del Sarmiento. Según fuentes de la investigación internacional, existen otras compañías de la Argentina sospechadas y hay –al menos– dos intermediarios individualizados: uno de ellos es un conocido miembro de la farándula de resonantes romances con divas de la TV.

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