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Los cielos posibles de la aviación argentina

El mercado aeronáutico argentino está ante un dilema: se libera y desarrolla o permanece rehén de los gremios y continúa estancado e inaccesible para la mayoría de los argentinos.
La ruta al crecimiento pocas veces estuvo más clara y requiere que la promoción de políticas aerocomerciales ponga en marcha tres decisiones coordinadas: desregular el mercado (precios), abrir más los cielos y controlar las prácticas abusivas de los monopolios que son parte del mercado aeronáutico.
No hay ninguna buena razón para que Argentina se resigne a no tener tickets aéreos a Salta por 79 dólares, a Mendoza por 45 o Bariloche por 93. No es aceptable que los precios accesibles sí puedan conseguirse apenas cruzando la frontera como es el caso de Sky en Chile o Azul en Brasil. No hay por qué aceptar como bueno y definitivo que Argentina no tenga internet a bordo o televisión, como sucede también en Brasil en sus vuelos domésticos.
Quienes dicen que esto no es posible sin costos tienen razón, el costo será menos privilegios para unos pocos y más oportunidades para muchos. Potenciales empleados de la industria y fundamentalmente más pasajeros en los aviones. La invocación de intereses nacionales y defensa de los trabajadores es más de la trampa habitual que los gremios tienen preparada para defender su corporación.

 

 


En este sentido, hace unas semanas, el secretario general de APLA, Pablo Biró, sostuvo en una entrevista dos puntos que me importa aclarar, por su falsedad: que las compañías de bajo costo tercerizan servicio y que son más inseguras. Las dos afirmaciones son falsas, y la última además es perversa.

Las low-costs lejos de tercerizar servicios, como por ejemplo higiene y limpieza del interior de los aviones, ponen a sus propios empleados a hacerlo. En segundo lugar la seguridad no está vinculada a los costos de la empresa para volar. Las aerolíneas low-cost deben cumplir con los mismos requisitos de seguridad que las de red, en todo el mundo. En nuestro país debe ser exactamente igual. Los resultados son contundentes: a pesar de que hay muchas más aerolíneas de red que bajo costo, las low-cost puntean los rankings de seguridad.

La explosión de las aerolíneas de bajo costo ha ido de la mano de un sistema cada vez más liberal y desregulado en cuanto a sus normas económicas y de cielos abiertos se refiere y volar nunca ha sido más seguro que en 2015/2016.

El mercado aerocomercial argentino tiene muchísimo espacio y potencialidad para mejorar. En precios, en servicio y en generación de empleo directo e indirecto.

Argentina está en perfectas condiciones de poder ofrecerles a sus habitantes un servicio aéreo mejor y sobre todo mucho más barato y accesible. Cuando desregule el mercado mejorará la escasa competencia actual, y eso bajará precios y naturalmente mejorará el producto.

Hay que reemplazar el pánico a la apertura de los cielos por la prosecución de la mejora del servicio y las condiciones que lo favorezcan. Desde hace casi cuarenta años, la industria aerocomercial sólo avanzó en un sentido: abriéndose al mercado, y su éxito fue tan contundente que jamás ha vuelto atrás.

Argentina merece un mercado aerocomercial más moderno y desarrollado. Además, como si esto fuera poco es la punta de lanza para relanzar y mejorar los ingresos por turismo en el país. Los beneficios directos e indirectos son muchos y la experiencia de nuestros vecinos en tal sentido no deja lugar a dudas.

Si nuestro país hace lo que otros ya hicieron hace 30 o 40 años, está en condiciones de desarrollarse de una manera parecida a la de Chile, Brasil y Colombia, países que duplican y triplican la cantidad de pasajeros por habitante al nuestro.

El mercado altamente restrictivo en Argentina no evitó, por otra parte, la quiebra sistemática de Aerolíneas Argentinas y su ruina económica y financiera. Además, entre 2000 y 2015, toda la década ganada incluida, se estancó su potencialidad de crecimiento. En ese período, Chile aumentó sus pasajeros de avión un 177%, Brasil un 190%, Colombia 147% y Perú un 231%. Argentina creció sólo un 21%.

Según Jacdec, una de las consultoras internacionales más reputadas que realiza ranking de seguridad, de las primeras 20 empresas más seguras del mundo hay 3 low-cost y entre las 30 más seguras hay 10 de este tipo. Aerolíneas Argentinas no figura entre las 60 más seguras del mundo según la consultora alemana.

Ojalá Argentina tuviera una Air Berlin, una Volaris, una Jet Blue o una Southwest o una Sky como en Chile o una Azul o Gol como en Brasil. Ojalá Argentina pronto tenga al grupo Irelandia o a FlyBondi volando los cielos argentinos. La política aerocomercial argentina debe dar su paso natural hacia el futuro y modernizarse. Abrir los cielos será lo que fue un día aceptar la llegada irremediable de los cajeros automáticos.

Los aviones ya no se caen y la tecnología abarató mucho los costos y las necesidades de empleados por avión. No es simpático pero es real e irremediable. Sin embargo, hay antídotos para regenerar más empleo y no hay por qué canibalizar el transporte terrestre. Increíblemente hay espacio para todos.

Un mercado menos regulado que baje el costo laboral y que aggiorne el funcionamiento de la aviación resultará posiblemente en menos empleados por avión, pero más aviones, más pasajeros, mejor servicio y mayor crecimiento y sustentabilidad para la industria que con el proteccionismo fracasa desde que comenzaron los 90. Los empleados que se reduzcan en una compañía encontrarán fuentes de trabajo en las nuevas compañías por venir o las que nazcan de emprendedores argentinos.

Argentina debe avanzar más temprano que tarde a un sistema más contemporáneo que terminará por beneficiar a todos. El sistema se desreguló sustancialmente en 1978 en Estados Unidos, en 1979 se firmó el primer acuerdo bilateral de cielos abiertos. Para 1982 Estados Unidos había firmado 23 tratados bilaterales y multilaterales. Este año firmó su acuerdo número 199.

El sentido de la industria ha sido unívoco e imparable. Brasil, México, Chile y Colombia han tenido enormes avances cuanto menos regulaciones y gravámenes impositivos tiene la industria. Aumentaron exorbitantemente, como vimos, la cantidad de pasajeros por avión y la conectividad de esos países.

Southwest Airlines cerró este último mayo su año fiscal número 43 consecutivo de ganancias y sin subsidios. Argentina debe y puede anhelar que florezcan las Southwest, síntoma de modernidad, eficiencia y desarrollo.


@FRancoVRinaldi

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